El Orgasmo Mental

Quisiera lanzar una pregunta al aire: ¿Cuántas de ustedes llegan al orgasmo con sus parejas? Las que no, estamos en el mismo barco; y las que sí, ¿cómo lo hacen? Este siempre fue un tema de conversación recurrente durante mis encuentros sexuales y conmigo misma. Cuando hago el amor conmigo misma, consigo terminar. Es una experiencia que puedo compartir conmigo, pero nunca con alguien más. A las que contestaron que no, quiero preguntarles ¿alguna vez han sentido presión externa por acabar? Si sí, no están solas.

En la sexualidad, el órgano más poderoso es el cerebro y gran parte de nuestro placer sexual yace en la mente. Sin embargo, esta impotencia no se puede ligar únicamente a nuestros pensamientos, va mucho más allá que eso. Claro, nosotras somos las responsables de cultivar una sexualidad sana y plena, pero nuestra consciencia y los procesos mentales que nos llegan a “terminar” están impregnados de aprendizajes y condicionamientos sociales por lo que resulta muy difícil librarnos de ellos a la hora de sentir placer. Primero, la religión se apropió de nuestro cuerpo dictándonos cómo disponer de él. Segundo, el patriarcado estableció la sexualidad masculina como la única aceptable fomentando una gran ignorancia sobre la sexualidad femenina. Tercero, el estado no se responsabiliza por una implementar una educación sexual integral haciendo que los jóvenes recurran a otros medios de educación como la pornografía. Como podemos ver, nuestra sexualidad se ve atravesada por muchos planos externos que influyen en la manera en la que la practicamos. Nos vemos enajenadas de nuestro cuerpo, y con él, nuestra sexualidad.

Este “problema” me causaba un golpe al ego. Me considero feminista, y pienso que el autoconocimiento es clave, pero aún así había un tipo de “sabiduría” que me hacía falta adquirir. También, por el hecho de ser un proceso mental, cargaba con mucha inseguridad. ¿Qué es exactamente lo que me impide compartir mi sexualidad con alguien más? Tenía varias barreras mentales que limitaban mi placer compartido. Cuando estoy sola puedo hacerlo sin ningún problema, y lo disfruto mucho, pero con otra persona se me hacía imposible. Todavía podía disfrutar del acto sexual, pero me molestaba que nunca podía sentir lo que mi pareja sentía: esa liberación explosiva de placer.

De hecho, 75% de las mujeres no llegan al orgasmo a través del coito. Usualmente necesitan ayuda de manos, lenguas, o juguetes sexuales que estimulan el clítoris para llegar a él. También hay estudios que demuestran que las mujeres en relaciones heterosexuales son las que menos orgasmos tienen durante el sexo. Las mujeres que más orgasmos tienen son lesbianas y por segundo, bisexuales. Estos estudios prueban que hay un desconocimiento preocupante acerca del orgasmo femenino y que en la mayoría de las relaciones heterosexuales el placer femenino es secundario enfocándose primordialmente en lo fálico.

El problema de ser seres sexuales en una sociedad patriarcal es que el modelo de sexualidad que seguimos fue creado por hombres para hombres. Hasta hace muy poco, la sexualidad femenina se desarrollaba paralelamente a las necesidades masculinas. Nuestro punto de referencia siempre había sido el modelo masculino de sexualidad, hasta llegar al punto de interiorizar necesidades y hábitos sexuales masculinos como nuestros. El patriarcado estableció que la única manera correcta de tener sexo es en donde el hombre alcanza el orgasmo. A las mujeres nos llegó a importar demasiado el criterio sexual del hombre que aprendimos a evaluarnos acorde a las necesidades masculinas. Cuando, en realidad, la sexualidad masculina y femenina se encuentran en polos completamente opuestos. Nuestro orgasmo no es provocado por las mismas condiciones y entran en juego diferentes órganos. En efecto, el placer femenino es mucho más complejo que el del hombre. El placer no se trata de ir en busca del botón mágico que te vaya a dar un orgasmo automático. Es un proceso holístico y no tanto enfocado en un solo órgano. Una gran parte sucede en nuestras cabezas. Sin embargo, esto no significa que tu pareja va a despojarse de responsabilidad con el típico “es mental”.

También es importante considerar si tenemos algún trauma pasado que no hemos sanado. El acto sexual es un momento vulnerable para los participantes por lo que el trato y tacto con el que abordemos los temas deben acercarse con mucha consciencia. Puede ser que el problema no sea con nuestra pareja actual, sino con una experiencia pasada que resultó dañina para nosotras. El sexo puede desencadenar sentimientos o traumas pasados trayéndolos de nuevo a nuestra atención. Por esto mismo, nuestra pareja sexual también es responsable de crear un ambiente cómodo y seguro para intercambiar contacto.

Así que no, no está solo en la mente. Es algo mucho más complejo que debemos navegar. Este no es un problema exclusivo, sino uno colectivo que engloba varias intersecciones. Primero debemos nombrar y reconocer la condición desigual en la que nació la mujer. Tener sexo para una mujer es diferente que para un hombre. Para una mujer, llegar al orgasmo es diferente que para un hombre. Llegué a la conclusión que para poder compartir un orgasmo con alguien más, primero tenía que llegar al orgasmo sola pero acompañada. Le dije a mi pareja que era importante poderme tocar en su presencia con el objetivo de romper esa primera barrera mental. Después de alcanzar ese orgasmo junto a él, puedo incluirlo en mi experiencia. Poco a poco podré unificar mi experiencia con la de él y algún día acabar juntos. Esta solo es la manera que a mí me hizo sentido.

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