Quien sufre y denuncia una violación sexual, jamas pierde su poder. (Invitada: Jeniefer R)

“Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.  Sor Juana Inés de la Cruz

Porque siendo mujer guatemalteca en pleno siglo XXI,  duele darse cuenta que tienen ojos y no quieren ver, tienen oídos y no quieren escuchar,  tienen los recursos pero no la voluntad. Pero no tienen lo que una mujer guatemalteca que ha vivido una violación sexual puede tener… conciencia, coraje y deseos de transformación.  

(pensamientos de mi para mi…) 

Recientemente inicié el estudio del Diplomado sobre Derechos Humanos de la Mujer y esto ha sido no sólo reflexivo sino transformador.  Con cierta timidez aún, me permito desarrollar un poco sobre el tema de la Culpa que sufre la Mujer en caso de violación y aborto.

En la ciudad de Belém do Pará, Brasil en el año 1994 se da origen a la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la violencia contra la Mujer, adoptando el nombre de Convención Belém do Pará, que establece el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia y destaca la violencia como una violación de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.  Propone por primera vez el desarrollo de mecanismos de protección y defensa de los derechos de las mujeres como fundamentales para luchar contra el fenómeno de la violencia contra su integridad física, sexual y psicológica, tanto en el ambiente público como privado.

Guatemala adopta ésta convención bajo Decreto 69-94 del Congreso de la República y ratifica su compromiso como Estado Parte el 04 de enero de 1995.

En la teoría juzgamos que se cuenta con Organismos Internacionales, compromisos de Estado, Instituciones creadas con fines de lucha y defensa de los derechos de cada Mujer que habita nuestro país,  pero todo esto pierde su efectividad cuando nos enfrentamos ante la violación de una de nuestras amigas, hermanas, la vecina que hace poco celebró sus quince años con ilusión, la estudiante universitaria que lo que busca es un futuro prometedor.   

Podrás inscribirme en la historia, con tus mentiras amargas y retorcidas. Podrás arrastrarme en la basura misma…y a pesar de todo, como el polvo, me levantaré.  Maya Angelou

Después de una violación sexual,  la pregunta es muy clara: ¿De qué forma podemos hacernos más fuertes,  cómo restauramos nuestro bienestar?

El trabajo debe comenzar desde adentro, siendo conscientes de:

  • Quien sufre y denuncia una violación sexual, pierde mucho pero jamás su Poder. Debe reconocer que  ha luchado por preservar su vida y lo ha conseguido. Está viva. Muchos son los casos de violación que terminan en homicidios.

Aún cuando todo parece estar destruido,  mientras la vida sea un hecho, habrá posibilidades de transformación.  Aquello que no te mata, te hace más fuerte.

  • Reconocer las emociones y darles un lugar para  lograr acuerdos internos que se conviertan en herramientas,  serán como peldaños de una escalera que nos ayuden a ver la situación desde un lugar más elevado.   

Debemos entender y aceptar que no existe culpa en la mujer que ha sufrido violación sexual.  

  • Es un derecho buscar el bienestar personal que permita superar y sobreponerse a la experiencia vivida.  Hablar de la situación, buscar el apoyo familiar o de grupos civiles activistas que proporcionen espacios y herramientas oportunas.

Podemos transformar la tragedia en fuerza de cambio,  cuando como mujeres decidimos que la experiencia vivida puede servir a otras mujeres que sufren ésta o cualquier otra acción de violencia.

  • Finalmente,  construir un plan de vida que fije metas a corto y mediano plazo que estimulen un plan de acción para cumplir esas metas trazadas.  Tenemos el poder de dar a cada situación de la vida el significado que más nos sume. He escuchado decir: Podrán tomar mi cuerpo pero no mi espíritu… Mi espíritu me pertenece sólo a mí.

Mi total y profundo respeto a cada mujer que habiendo sido violentada,  no calla, no deja de sonreír, no deja de tener esperanza. Dentro de cada una de nosotras vive un espíritu femenino que sabe sanarse con su propia sabiduría,  se alimenta de las experiencias y se fortalece con los vientos de cambio.

Un saludo,

Jeniefer R. Ortiz

@jeniedeco

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